Madero fue electo presidente en 1911 y se reunió de nuevo con Zapata, sin lograr este último que Madero aplicara una reforma agraria integral. Con la ayuda de un maestro, Otilio Montaño, Zapata preparó el Plan de Ayala, el cual declaraba a Madero incapaz de cumplir con los objetivos de la Revolución. Los signantes del plan renovaron las consignas de la Revolución y prometieron designar a un presidente provisional hasta que hubiesen elecciones. Asimismo, se fijaron la meta de recuperar las tierras ejidales quitándoles un tercio a los terrenos de las haciendas y repartiéndolas entre las comunidades. Aquellos hacendados que se rehusaran a aceptar el plan verían sus tierras expropiadas sin compensación alguna.
En el transcurso de sus campañas, Zapata distribuyó las tierras tomadas de la haciendas, las que con frecuencia quemaba sin compensación. Ordenó ejecuciones y expropiaciones, y sus fuerzas no siempre se guiaron por las leyes de la guerra. Evadían la confrontación directa al implementar tácticas de guerrilla: trabajaban la tierra con rifles a en sus espaldas, acudían a pelear cuando eran llamados y regresaban a sus campos al final de la batalla. Los salarios de los miles de hombres que formaban las huestes zapatistas provenían de los impuestos a las regiones de provincia o de la extorsión a los ricos. Sus armas provenían de lo que capturaban de las tropas federales.
Cuando Victoriano Huerta asesinó a Madero en 1913, Zapata y sus hombres arribaron a la Ciudad de México y se rehusaron a unirse al gobierno de Huerta. Esto provocó que Huerta no pudiese enviar todas sus tropas al norte a combatir a Venustiano Carranza y el Ejército Constitucionalista, por lo que un año después de haber asumido el poder, Victoriano Huerta, acorralado por sus oponentes, abandonó el país.
Al caer Huerta, Zapata invitó a los Constitucionalistas a aceptara su Plan de Ayala y les advirtió que continuaría peleando por su cuenta hasta que el plan se cumpliera.

En el transcurso de sus campañas, Zapata distribuyó las tierras tomadas de la haciendas, las que con frecuencia quemaba sin compensación. Ordenó ejecuciones y expropiaciones, y sus fuerzas no siempre se guiaron por las leyes de la guerra. Evadían la confrontación directa al implementar tácticas de guerrilla: trabajaban la tierra con rifles a en sus espaldas, acudían a pelear cuando eran llamados y regresaban a sus campos al final de la batalla. Los salarios de los miles de hombres que formaban las huestes zapatistas provenían de los impuestos a las regiones de provincia o de la extorsión a los ricos. Sus armas provenían de lo que capturaban de las tropas federales.
Cuando Victoriano Huerta asesinó a Madero en 1913, Zapata y sus hombres arribaron a la Ciudad de México y se rehusaron a unirse al gobierno de Huerta. Esto provocó que Huerta no pudiese enviar todas sus tropas al norte a combatir a Venustiano Carranza y el Ejército Constitucionalista, por lo que un año después de haber asumido el poder, Victoriano Huerta, acorralado por sus oponentes, abandonó el país.
Al caer Huerta, Zapata invitó a los Constitucionalistas a aceptara su Plan de Ayala y les advirtió que continuaría peleando por su cuenta hasta que el plan se cumpliera.
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